Yo sí creo en las hadas

En algún libro famoso que leí que “cuando el primer bebé rió por primera vez, su risa se quebró en mil pedazos que saltaron dando brincos por los aires”, dando origen a las hadas, y que ahora, cada vez que nace un nuevo bebé, su primera risa se convierte en un hada, de modo que debería haber una por cada niño, pero que los niños de ahora saben demasiado y pronto dejan de creer en las hadas. Sin embargo, yo sí creo en las hadas.

A veces estoy concentrada en algo cuando, de pronto, noto una lucecilla juguetona que vuela de aquí para allá y estoy segura de que es mi hada. No sé su nombre, pero es mi amiga. Ella me ha acompañado todos los días desde que nací; me ha visto aprender a caminar, leer, escribir, andar en bici (se rió de mí cuando me caí después de quitarle las rueditas) y hasta volar en sueños. Mi hada tiene muy buena memoria, por eso guarda todo aquello que ha sido importante en mi vida y me lo recuerda para que nunca lo olvide.

Por las mañanas cuando tengo prisa por salir camino a la oficina y tengo la intención de  salir corriendo, siento un ligero jalón de cabello. ¿A dónde con tanta prisa, no se te olvida algo? Entonces doy media vuelta, pues es importante abrazar a mamá y papá antes de salir de casa.

En otras ocasiones, cuando estoy apunto de decir “Estoy aburrida”, escucho un susurro: A que no te atreves a… Y es que mi hada es muy rara, le gusta retarme y a mí me gusta enseñarle que puedo. ¿Clases de italiano? ¡Pan comido!, ¿Aprender a cocinar algo nuevo? ¡Claro!, ¿Leer un autor al que no conozco? ¡Bien jugado, hada!

Y claro, luego descubro que es su modo de ayudarme a descubrir mis más ocultas habilidades y divertirme.

También hay momentos en los que me creo sabia y conocedora y, como tal, fijo la mirada al frente, pues sé a dónde me dirijo y entiendo lo que es importante. Nada de eso. Mi hada sabe bien cuánto disfruto alzar la mirada y encontrar formas en las nubes,  notar cómo la luz del sol atraviesa las hojas de los árboles o encontrar nuevas especies de flores cada de una belleza increíble. Cuando me detengo a observar mi alrededor, mi hada se posa en mi hombro y me dice: El mundo está lleno de cosas asombrosas.

Hay quien piensa que las hadas son cosa de niños. Falso. Las hadas son cosas de la vida. La magia existe, nos rodea y nos da señales, sólo es cuestión de prestar atención y aguzar los sentidos. Si quieres, seguro que podrás ver destellos por aquí y por allá, escuchar campanillas por doquier, sentir pequeños jalones de cabello cuando olvidas algo importante. Detente, respira y repite “Yo sí creo en las hadas”. Cree.

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