La navidad es solo para los niños

Pasan los años y sigo recordando mis navidades pasadas, la comida deliciosa, jugar con mis primos, los obsequios… Son recuerdos hermosos que pueden hacerme llorar de nostalgia, me prometí a mi mismo no hablar de religión en esta entrada, eso lo dejaré para mi bitácora personal y no lo haré, en cambio hablaré sobre las emociones que estas fiestas despiertan en mí, aunque quizá no importe.

Farol de Navidad

Cuando era niño amaba poner el arbolito con mi mamá, me gustaba elegir las esferas más bonitas y ponerlas en lugares especiales para que brillaran más, me encantaban las lucecitas de colores y ver cómo encendían y apagaban. Para mí la navidad significaba que la casa era calientita y que afuera hacía mucho mucho frío, la luz del árbol significaba calidez y los regalos bajo el árbol eran un gran misterio. Para mí la navidad solo podía significar disfrutar, disfrutar muchas cosas muy padres. No me importaba el año nuevo, yo solo quería estar junto al árbol y ver qué me había traído papá Noel. Ahora que estoy grande escarbo en mis memorias y veo que no eran los regalos sino la emoción de saber que estaba en una noche especial, una noche diferente a todas las demás en muchos aspectos.

scroogeCuando crecí la navidad se convirtió en notar a mamá apurada por las cosas de la cena, en la necesidad de gastarme mi dinero en compromisos sociales, en tomar la difícil decisión entre pasar la navidad en casa de mi familia o la de mi esposa. Y ahora todo mi ser necesita sentir emoción por los regalos de la navidad, por saber qué me traerá papá Noel, quiero tumbarme al lado del árbol y jugar con mis carritos de juguete olvidando que el mundo fuera de mi casa existe, quiero estar con mis hermanos no pensar en nada más y además quiero tomar ponche. Me he dado cuenta que la navidad no es para los adultos, la navidad es ilusión, jugar, esperar una sorpresa, estar con la gente que amas. Las cosas de los adultos son el licor, el dinero, las preocupaciones, pensar en las cosas de la dichosa cena. Comería pizza o pollo frito, no importa, quiero estar con mis seres amados y olvidar absolutamente todas las tonterías del mundo de los adultos, quiero cerrar los ojos y escuchar los cascabeles del trineo, aunque sé que, según los estándares de la vida adulta y la modernidad ni Santa Claus ni sus renos mágicos existen y además ni siquiera tengo chimenea.

Caballo de Navidad en el escritorioCuando tenga hijos les contaré del trineo y los renos, del niño Dios, de San Nicolás, les haré creer por muuucho tiempo, me encargaré que nunca jamás dejen de creer en la magia, esa magia que te hace querer ser bueno todo el año, aunque para los niños “grades” sea una tontería, una vil ilusión, son las cosas que hicieron de mi infancia un sueño feliz. Pocas cosas son tan bellas como la ilusión, año tras año habrá árbol de navidad en mi casa, porque son pocas las cosas ya que mantienen respirando a ese niño que un día fui. No es tonto admitir que aun creo en la magia de la navidad, en mi corazón esa parte pequeña que aun es un niño seguirá creyendo en la magia, en Santa Claus y esas mil tonterías más que los adultos ya no creemos.

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