Sobrepoblación

No soy una persona que guste de salir a muchas partes, no es cuestión de gustos sino más bien de espacio personal. Me explico, me encanta el cine, pero me revienta estar en un lugar abarrotado de personas donde tienes que hacer fila para todo, o donde no puedes dar cinco pasos sin chocar con alguien. Hoy fuimos mi esposa y yo a pasear a un centro comercial, algo que nos gusta mucho hacer aunque la cantidad de personas nos llega a embotar, es decir, fila para entrar al estacionamiento, los pasillos llenos, fila para pagar, etcétera, además del hecho de no poder andar quitado de la pena sin que alguien te eche el carro encima o no te deje pasar porque padece el síndrome de “yo primero”. Mientras caminaba por ahí y tratando de no enfadarme por no poder avanzar sin que alguien se atravesara o por no poder detenerme sin sentir que estaba estorbando recordé el experimento conocido como el Universo 25, este experimento que casi nadie conoce y que de alguna manera estamos viviendo.

El Universo 25

En 1968 un etólogo llamado John B. Calhoun realizó un experimento muy interesante, puso 4 parejas de ratones en corral de unos 2.7×2.7×1.4 metros, este corral tenía diferentes túneles con acceso a cajas para anidar y dispensadores de comida y agua. Este universo era una especie de utopía en la que los ratoncitos no tenían nada que temer, sin depredadores y con una fuente inagotable de comida, lo único que tenía límite era el espacio, ya que los ratones no podían salir.

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Es fácil pensar que a los ratones les habrá ido de maravilla, ¿no? Hablamos de comida ilimitada y sin más responsabilidad que ir a conseguirla, sin nada que los amenazara de ninguna manera. Explicaré las fases del experimento según leí en yo me tiro al monte.

Fase A

(del día 1 al 104)

Los ratones estaban nerviosos porque no conocían el lugar, pero una vez que estuvieron bien comenzaron a reproducirse.

Fase B

(del día 105 al 315)

Los ratones la pasaban genial, había 14 clanes y la población se duplicaba cada 55 días, los roles sociales propios de los ratones estaban bien definidos, cada clan tenía su macho dominante y el resto hacía lo que le tocaba, al final de esta etapa había más de 600 ratones en el corral.

Fase C

(del día 316 al 560)

En esta fase los ratones ya no contaban con mucho espacio y la población ya sólo se duplicaba cada 145 días, más de 300 machos competían por un poco de terreno para sus clanes y ante tal estrés muchos comenzaron a rendirse y abandonar su territorio, lo cual los hizo menos atractivos para las hembras. Luego las hembras fértiles tuvieron que suplir el rol de los machos y cuidar el nido, después ya no amamantaban por mucho tiempo a los ratoncitos (supongo porque ya no tenían mucho tiempo ni ganas por estar defendiendo el nido) y en algunas ocasiones los abandonaban o se los comían.

En esta fase aumentó la violencia, independientemente de que hubiera mucha comida, la sociedad de los ratones ya era caótica. En las orillas del corral había comida en abundancia (algo en lo que se hace mucho hincapié) no obstante los machos más débiles quedaron acorralados al centro y, aunque estaban ahí sin hacer nada, a veces se ponían violentos y  atacaban en masa a otros ratones. Al final de esta etapa había 2,200 ratones y la violencia reinaba en el corral  y la tasa de natalidad se volvió negativa.

Fase D

(del día 561 al 1471)

La violencia estaba en su apogeo y comenzó el canibalismo entre las crías y apareció un grupo de ratones que se atrincheró y se dedicaban sólo a acicalarse y que no mostraba interés por ninguna otra cosa, ni si quiera por las hembras. A este grupo lo llamaron el de “los guapos”, ya que al no entrar en conflicto con ningún otro ratón no tenían cicatrices. De las hembras que nacían ya casi ninguna se embarazaba ni tenía instintos maternales y de las pocas crías que llegaban a nacer casi ninguna llegaba a la edad adulta. El día 600 nació el último ratón que llegó a la edad adulta y el 920 ya no nació ninguno.

El fin

El día 1471 ya sólo quedaban 27 ratones (23 hembras y 4 machos), el más joven de todos tenía 987 días (como 90 años para un humano), eso quiere decir que nació durante la fase C.

Este experimento nos  deja claro que para que una sociedad tenga éxito los recursos consumibles son sólo un factor, también existe el espacio vital. He buscado el dato, pero no lo he podido encontrar, sobre un número óptimo en cualquier sociedad para que esta sea funcional y sana. Cuando una sociedad aumenta su población más allá de cierta cantidad óptima comienzan los problemas, vaya, basta ver cómo las ciudades con más riesgos sanitarios son las ciudades grandes, así mismo los problemas de violencia ocurren más. Sé muy bien que no somos ratones, pero también me queda claro que no somos la especie mejor portada en el reino animal, de hecho se puede decir somos los depredadores más peligrosos y violentos. Pero volviendo a la comparación de los ratones podríamos fácilmente hacer una comparación entre este experimento y la forma en la que nuestra sociedad se está comportando. Podríamos afirmar que estamos en el algún punto de la fase C, en la cual los machos hombres ya no pueden defender mantener a su clan familia por sí mismos y requieren de la ayuda de las hembras mujeres, luego las hembras mujeres se vuelven más agresivas y están menos tiempo cuidando a los críos, los cuales crecen con una confusión de roles y etcétera…

¿Suena machista decir que el hombre debería ser el sustento del hogar mientras la mujer se encarga del aseguramiento de la calidad del producto más preciado de la sociedad? Es decir, ¿suena machista decir que el hombre debería proveer todos los medios necesarios para que la mujer pueda encargarse de que las nuevas generaciones crezcan sanas (mental, espiritual y físicamente) y la sociedad mantenga su constitución? La confusión de roles puede provocar que una sociedad aborde el caos, pero es que hoy no se le puede decir a una mujer que debería cuidar bien a sus hijos porque se enoja y te echa en cara cosas sobre equidad de género y que no es un mundo de hombres y no sé qué más, cuando uno lo que quiere decir de todo corazón es que la mujer tiene el trabajo más importante del mundo y que lo está dejando para adoptar la carga propia del varón, el cual se debería tomar las cosas serias y procurar que en casa no falte absolutamente nada para, insisto, formar una nueva generación apta y saludable.

Hablábamos sobre el espacio vital, después de la segunda guerra mundial (en parte provocada por la búsqueda del espacio vital del tercer reich) hubo un crecimiento demográfico explosivo y, gracias a la tecnología, se pudieron explotar los recursos de forma indiscriminada con tal de mantener ese ritmo. Ahora somos muchos y a cualquier lado al que vayamos habrá mucha gente, las ciudades son cada vez más grandes mientras el campo se abandona; todo esto crea condiciones de hacinamiento, condiciones que llevan a la competencia, al aislamiento social, a la violencia, a problemas sanitarios y no sé cuantos otros problemas más.

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Estas condiciones de competencia no son por los recursos materiales, son por el tiempo, por el espacio personal, por ocupar un carril en la avenida, por poder andar por la banqueta sin ser golpeado por otro transeúnte. Nos enfermamos del mal de la prisa, del síndrome del yo primero y en el día vemos a tantas personas que terminan resultandonos indiferentes o terminamos hartos de la gente. Es extraño caer en cuenta que terminamos hablando sobre nuestros congéneres como alguna especie de cosa molesta, “la gente” decimos, sin tocarnos el corazón y pensar que son nuestros hermanos de especie. Pero es que somos muchos y desgraciadamente todos queremos nuestro espacio, necesitamos nuestros tiempos a solas, caminar en paz, que nos atiendan sin prisas; todas ellas cosas imposibles en las ciudades grandes.

Desgraciadamente han habido en la historia tendencias hacia la eugenesia, los nazis no fueron los únicos que buscaban reducir o eliminar ciertos grupos de población, Estados Unidos lo hizo a principios del siglo veinte y según leo en la BBC existieron (y existen) programas de apoyo financiero que promueven la esterilización, el aborto y el uso de anticonceptivos. No puedo imaginarme a una joven madre comiéndose a su bebé recién nacido (como lo haría un ratón en el universo 25) pero es algo rutinario el que un médico deseche los restos de un feto en un depósito de material biológico, asumimos que no habrá funeral después del aborto, mejor conocido como interrupción voluntaria del embarazo para que suene más bonito. En estados unidos esterilizaban a las personas pobres ya las de color en contra de su voluntad, ahora les enseñan a que deben modificar su química corporal con el uso de píldoras, o que vayan voluntariamente a desechar un nuevo ser vivo (insisto en que sería repulsivo que se lo comieran después de nacer) a una clínica de abortos. Es lo mismo, pero es que si la muerte es negra a estos procedimientos los pintaron de blanco y luego de rosa para hacerlos ver civilizados.

¿Qué nos ocurre como especie? Pensamos en ser menos, luego pensamos en guerras, creemos que es cruel matar, pero le cambiamos el nombre a las cosas para que no nos parezcan tan desagradables. ¿Qué diferencia hay entre las tres imágenes anteriores? Que al de la primer imagen es legal matar interrumpir su formación. Hay muchas cosas que meditar, muchas cosas que aclarar, ¿qué estamos haciendo? ¿qué nos hace mejores que los ratones?  Las cosas no dejan de ser lo que son por cambiares el nombre ni el progreso es reproducirnos de forma indiscriminada. Como seres humanos debemos decidir lo mejor para nuestro futuro como especie, no como individuos, si en eso está en tratar de ser menos para que nos toque más pues va, pero sin ser como esos ratones, sin perder el respeto por la cosas fundamentales como son la vida propia y la de los demás. Yo quisiera que fuéramos menos, que a todos nos tocara una mejor rebanada del pastel, que conociéramos más de este mundo, tener tiempo para cultivarnos en mente y en espíritu, pero no puedo pensar en ningún momento en que la necesidad de alcanzar un equilibrio demográfico es la justificación para fomentar prácticas propias de ratones hacinados en un corral.

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