Una navidad en tiempos de industria

Esas máquinas que prometían mejor calidad de vida nos han jugado una mala pasada. Aunque las jornadas laborales teóricamente se han reducido a 8 horas diarias o 48 por semana nos hemos topado con que ahora el tiempo “de sobra” se va en otras cosas como en recorrer grandes distancias porque nuestras ciudades han crecido desmesuradamente. Estas máquinas, entes claroscuro que traen cosas buenas y a la vez terribles, nos han dado muchas comodidades a cambio de que nos movamos a su ritmo, ellas nunca descansan, nunca duermen. Sería tonto, muy tonto, tener una máquina detenida por la noche, así que las fábricas y ensambladoras ahora tienen más de dos turnos, así que podrás trabajar en tercer turno, en un cuarto turno,  o en cualquier otro que las presiones del mercado obliguen a implementar y que aparentemente no magullen la dignidad humana.

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Así entonces la gente en estos días corre porque debe adquirir obsequios para su familia, obsequios que los niños vieron en la televisión (una máquina), que seguro fueron hechos millones iguales en una fábrica llena de máquinas, ensamblados en algún lugar de Asia por cuasi esclavos que probablemente duermen y comen ahí mismo. Corremos porque debemos hacer una cena deliciosa y seguro que el supermercado estará abarrotado, así que las calles irán saturadas de automóviles (máquinas) ruidosos y contaminantes. Porque a fin de cuentas estas máquinas no sólo nos ayudan a producir más rápido, nos exigen consumir más; no solo nos permiten ir más rápido, prácticamente nos obligan a ir más rápido. Y mientras compramos, vamos y venimos y pensamos en trabajar medio día el 24, ¿qué ocurre con la navidad?

Navidad, la gran fiesta de cumpleaños para la gente católica, cristiana y ortodoxa, que por muchos motivos coincide con otras fiestas consideradas paganas, a final de cuentas el gran momento del año; al menos así debiera de ser. Este año me he tenido que hacer algunas preguntas.

  • ¿Me estoy volviendo viejo o algo malo está ocurriendo con la navidad?
  • ¿Será que las preocupaciones que este año me ha traído me han alejado del espíritu navideño?
  • ¿Será que la vida moderna no puede detenerse un par de días a celebrar las fiestas más importantes del año?
  • ¿Por qué para verse más propios muchos dicen “Felices fiestas” en vez de “Feliz Navidad” y ultimadamente ya nadie fuera de los obligados te lo dicen?

Navidad, compañeros viajantes, ¡navidad! Olvidemos el cliché de que es tiempo de perdón y bla bla bla. Navidad, esa época del año que de niños nos llenaba de ilusión, en algún lugar del interior de todos nosotros debe existir un bonito recuerdo.

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Si no aprendemos y entendemos que el mundo es un regalo que se nos dio, que la vida es nuestra y que de ambas cosas no hay reemplazo, ¿qué será de nosotros? No hay razón para correr, viviremos muchos años y las cosas llegan a quien sabe esperar. Mientras pensamos en otras cosas los hijos crecen, los viejos se van y las oportunidades pasan. Si nosotros mismos no ponemos el freno quizá algo nos obligue a frenar de golpe. Así que disfrutemos, hay que saber dictar y exigir lo que es bueno para el espíritu.

¡FELIZ NAVIDAD!

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