Maese Cuevas

Una de las cosas que estando en la antesala de la muerte decidí hacer antes de dejar este mundo fue utilizar todos los medios y energías que me restan para realizar el último gran viaje de mi vida, revisando el inventario de los lugares y, sobre todo, las personas que valdría la pena visitar. No pretende ser esta obra póstuma un compendio de sabiduría ni mucho menos, mas simplemente una travesía por las opiniones de los personajes que tengan la bondad de recibir a un viejo con ganas de escuchar y de escribir en su diario.

Sobre la memoria de la humanidad

Coyoacán, Cd de México, a 23 de junio de 2017

He tenido la oportunidad de conocer al Doctor Rodriguez, una clase de erudito a quien su poco ortodoxa genialidad le ha costado el rechazo de la comunidad académica. Este profesor lleva casi veinte años documentando en papel los hechos más notorios sobre la historia de la humanidad. Mientras tomábamos un café este profesor de antropología me dio un breve repaso sobre las grandes culturas de la antigüedad y sobre tantos misterios y casualidades encontrados alrededor del globo.

– Es interesante imaginar – comentó – que si un antropólogo encontrara algunas de nuestras ciudades cientos o miles de años en el futuro y comparase las técnicas de construcción y la iconografía no encontraría diferencias entre las ruinas de diferentes partes del mundo; hormigón, cristal y los mismos grafos formando palabras en lo que ahora conocemos como lengua inglesa. ¿No le parece, mi amigo, que cualquiera pensaría que se hubiese tratado de alguna cultura global? No obstante – continuó – difícilmente quedarían ruinas que estudiar, las cosas que hemos construido en la actualidad dejarán de existir pronto mientras que el coliseo, la gran pirámide y otros monumentos antiguos seguirán existiendo.

El profesor hizo una pausa para beber café de su taza y me miró con convicción.

– Nuestra sociedad se contradice a sí misma. – continuó – Todo lo toca, todo lo transforma como si esto fuera una expresión de poder, pero esta sociedad moderna es la más vulnerable de todas las que han existido en la historia. Si tan solo una tormenta solar fundiera unos cuantos transformadores toda nuestra infraestructura se vendría abajo, no habría ni agua para beber.

Ante mi mirada incrédula el profesor me preguntó si llevaba algo de dinero conmigo, a lo cual le mostré mi tarjeta de crédito, con una sonrisa irónica el profesor me preguntó de qué me serviría si no hubiera internet, lo cual me hizo recordar algunas ocasiones en las que no pude comprar algo porque no había red.

– Así es. – Dijo satisfecho – Dependemos mucho de muy pocas cosas y nuestras huellas son fáciles de borrar, la memoria reciente de la humanidad se encuentra en forma de unos y ceros que no significan nada sin la tecnología adecuada, y están almacenados en medios tan sublimes que un simple imán o la radiación de un horno de microondas corromperían o destruirían todo rastro de su contenido. Por esta razón, mi estimado amigo, me he dedicado a documentar todo cuanto he podido. Sabemos que la humanidad ha estado al borde de la extinción en varias ocasiones y lo que nos ha quedado de las civilizaciones anteriores son algunas ruinas y estelas talladas en piedra o barro, pero de esta generación difícilmente quedará algún registro. Quizá algún día alguien encuentre mis legajos, los cuales mantengo guardados en una lata hermética, y pueda encontrarles algún significado, más creo que así como pensamos que le biblia es un mito, lo mismo podrán pensar de mi obra.

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