Ex humano

La Mesía, a 13 de julio de 2017

He tenido la suerte de conocer a algunas personas interesantes en este mi último viaje, dirigiéndome hacia el sureste y visitando pueblo tras pueblo conocí a un viejo teólogo con quien pude pasar la noche antes de continuar mi camino. Hablando de diversos temas superficiales para romper el hielo, cuando Don Ramiro se sintió más en confianza me comenzó a compartir sus teorías sobre la relación del hombre con Dios y con los otros hombres.

– El hombre es un ser cambiante. – decía – Es capaz de cambiar su anatomía mediante diversas herramientas. Es un ser que transforma su entorno. – añadió – Es capaz de cambiar su ambiente en vez de adaptarse a él. Pero la cuestión es qué tanto se altera el alma al transformar el exterior.

Mientras exhalaba el humo de mi pipa miré a mi anfitrión esperando que fuera una pregunta retórica y que no esperara una respuesta de mi parte, afortunadamente para mí, Don Ramiro continuó, sintiéndome aliviado de que fuera más un monólogo que un diálogo.

– Las máquinas crean pereza, – continuó. – debilitan la voluntad, pero más que nada algunas de uso cotidiano pueden crear una visión distorsionada de uno mismo. Dígame, ¿de donde viene Usted?

– Del norte del país.

– Eso es mucha distancia, seguramente le hubiera sido imposible cubrirla con los medios que Dios le dio. Es bueno tener herramientas que nos ayuden a alcanzar los objetivos que sean nobles, pero es muy fácil que la simbiosis hombre-máquina llegue a tal grado que se nos olvide de qué estamos hechos.

Esta charla me empezaba a aburrir, me parecía un sinsentido propio de un ermitaño que desdeña las cosas que no ha podido tener. – ¿Cómo lo podríamos olvidar? – Pregunté más bien por inercia que por un genuino interés.

– Cuando uno va caminando por la calle y la lluvia le sorprende el frío se apodera de uno y quizá hasta resulte molesto el golpeteo de las gotas de lluvia sobre el rostro, y ahí anda uno caminando esperando llegar pronto a algún lugar donde poder encontrar resguardo cuando de pronto viene un conductor a bastante velocidad aventando agua sucia a todo peatón que esté cerca. Después de reflexionar mucho al respecto he concluido que la principal razón de ello es porque vamos dentro de una cápsula aislados del mundo real sin ser conscientes de lo que se es estar ahí afuera, se olvida lo que es el padecer bajo las inclemencias del clima. Piense en todas las cosas que usted da por hecho y que no son mas que artífices. – Continuó diciendo. – Así como el sol sale todas las mañanas uno asume que el agua siempre saldrá del grifo al girar la llave, como si esto fuera parte de la naturaleza. Son todas estas las comodidades que hemos construido las que nos hacen olvidar lo difícil que es conseguir algunas cosas como lo es el agua.

Por mi parte yo trataba de ocultar mi incomodidad, de pronto sentía que estaba siendo alojado por una clase de inadaptado y estaba obligado a escucharle para no provocar su enojo, pero no pude evitar el  – ¿Y qué tiene de malo eso?

– En principio nada, pero se nos oculta la realidad y el hecho de no saber y no esforzarse para conseguir las cosas es un factor determinante para no valorarlas, así como al niño al que se le da todo se convierte en un niño mimado nosotros también nos convertidos en unos mimados que no valoramos las cosas porque no implican un esfuerzo directo. Si usted tuviera que caminar al pozo y bombear el agua con sus propias manos para luego acarrear el agua seguramente no se atrevería a desperdiciar ni una gota.

Me daba la impresión de que Don Ramiro tenía necesidad de ser escuchado, además estaba captando mi atención.

– Se bien que debemos buscar el bienestar social, no podemos vivir en el medievo, no me malinterprete. Pero lo que realmente me entristece es ver como las personas hen renunciado a su humanidad y se han alejado tanto del señor. – Respiró pausadamente como quien va a explicar algo complicado. – Es que, volviendo al ejemplo de los automóviles, veo como la gente se aísla del entorno y comienza a viajar a velocidades que resultan mortales para cualquiera que se cruce en su camino, he visto personas que utilizan sus coches para atropellar a perros y gatos. Dígame, señor Cuevas, ¿quién tiene el corazón para asesinar a un cachorro?

– Solo los que tienen instinto de asesinos. – Respondí.

– He visto como la gente que anda en coche no presta interés por el cadaver de algún animalito atropellado y machacan el cuerpo hasta que solo queda un jirón de piel compactada contra el pavimento. Por otro lado hay lugares donde la gente de a pie ha perdido el derecho de transitar libremente sin que su vida corra peligro si es que se obstina en andar por esos lugares. Me refiero a esos puntos en los que la avenida es tan transitada que una persona debería caminar hasta 2 kilómetros o más para evitar los autos y poder llegar a un lugar que estaría a menos de 100 metros si pudiera cruzar directamente. No sé si me explique.

– Recuerdo una temporada, hace algún tiempo, en la que mi casa estaba a 50 metros de la universidad en la que daba clases y a veces tardaba hasta 20 minutos en poder cruzar, otras era mejor irme en coche, lo cual me parecía absurdo.

– Exactamente, ahora pareciera que tiene más derecho el hombre mecanizado que el hombre que anda a pie como Dios lo dispuso. No me juzgue mal, el automóvil es una herramienta fabulosa, yo mismo tengo uno aunque procuro no usarlo, pero hay días en los que debo ir muy lejos o transportar muchas cosas o muy pesadas. Pero estoy convencido que el hombre se ha mecanizando más que nunca en la historia y desgraciadamente eso no solo se aplica en el exterior, sino que se ha llevado hacia el interior del mismo ser humano. Verá, señor Cuevas, ahora más que nunca las personas se atreven a modificar sus cuerpos, tienen el cinismo de cambiar cualquier aspecto que no les agrade de su cuerpo, mujeres u hombres con implantes para creerse más atractivos, se injertan aparatos para adelgazar, para dejar de procrear, Dios me ampare, incluso son capaces de cambiar su sexo. Volviendo al ejemplo del niño mimado, ¿qué la parece a usted que una persona adelgace en un par de horas sin haber hecho dieta ni haber derramado ni una gota de sudor? La fuerza de voluntad es una manifestación del espíritu y debe ejercitarse al igual que cualquier habilidad. ¿Qué me puede decir al respecto?

– Supongo que una persona que no se esfuerce en conseguir o lograr algo no lo valorará, como me explicaba hace unos minutos.

– Exactamente, ¿qué va a pasar con una persona que adelgaza sin haber desarrollado la fuerza de voluntad para hacer ejercicio y evitar comer golosinas? Tan simple como que volverá a engordar y lo resolverá yendo de nuevo con algún cirujano sin escrúpulos que le insertará una aspiradora bajo la piel. Verá que una persona así carece de fuerza de voluntad, su espíritu es débil y peor aún, ha llegado a considerar su cuerpo como algo parecido a una máquina a la que puede hacerle cualquier modificación si cuenta con el dinero suficiente.

– Recuerdo mis años de juventud, en los que dedicaba 5 horas a la semana a hacer ejercicio, siempre tuve una tendencia a engordar con facilidad, me costaba mucho trabajo resistirme a comer más de la cuenta. Pero hoy agradezco el tiempo que dediqué a cuidar mi cuerpo. – No era fácil, pero me gustaba mucho la sensación de estar en forma física.

– Su esfuerzo le dio recompensas y yo le aseguro que el hábito de realizar esfuerzos le ayudó en otros ámbitos de su vida.

– Definitivamente.

– Hay otra cosa que me da tristeza, desgraciadamente ya no me sorprende, es que las personas no solo quieren tener un cuerpo atlético sin realizar el mínimo esfuerzo sino que tienen el descaro a alterar definitivamente sus anatomías por un mero capricho, tan solo por seguir alguna tendencia de la moda o por una falta de autoestima. ¿Qué impacto tendrá en una persona el tener un rostro diferente de la noche a la mañana, cuando el cambio es tan radical que otros ya no le reconocerían, me he preguntado muchas veces qué pensarán de sí esas personas al verse en el espejo y ver que todos sus recuerdos llevan un rostro que ya no les pertenece.

Don Ramiro por fin guardó silencio, parecía estar satisfecho de haber dicho lo que tenía que decir. – Interesantes pensamientos. – Comenté. – ¿Pero eso nos hace menos humanos o realmente nos aleja de Dios?

– Eso me temo, como teólogo he concluido en que si Dios existe Él se encuentra en la naturaleza, es decir que el contacto con el mundo natural nos acerca a Él, y veo que el hombre se ha obstinado en alejarse del mundo natural, no es necesario ejemplificar al respecto; por otro lado el cuerpo humano, por lo tanto la persona en sí para muchos es visto como algo a lo que se le puede hacer cualquier clase de modificación y se ha hecho casi una simbiosis con muchas máquinas que nos rodean como son el auto, el smartphone, etcétera, teniendo más aceptación quien tenga más de estas mejoras. Considero, señor, que estamos en la frontera de una nueva edad en la que el ser humano es un ente obsoleto, estamos en los albores de la era del hombre-máquina.

No me quedaron muchas ganas de platicar, ni hubiera sabido de qué platicar con una persona con esa mentalidad, me preguntaba si sus razonamientos eran correctos o si tan siquiera tenían algún fundamento. Don Ramiro me ofreció un vaso de leche fría con galletas para cenar, aunque no me sentía del todo cómodo me sentí algo afortunado de no haber tenido que ordeñar una vaca para poder beber leche.

 

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