Ya vienen los perfectos

Todos en la familia tenemos a aquel o a aquellos parientes que son “perfectos”, siempre corrigiendo, siempre diciendo a otros qué hacer. Suelen ser los parientes “ricos” de la familia, en muchos casos generosos, y algunas veces esa “generosidad” se convierte en excusa o como una falsa autoridad moral para siempre decir a otros qué hacer o cómo hacer las cosas. Pero como dice un libro, uno muy viejo y lleno de sabiduría, “criticas la paja en el ojo ajeno y no ves la rama que tienes en el tuyo”.

Cuando era niño y ya de joven la visita de esos parientes me estresaba sobremanera, temía profundamente sus críticas, que si el pelo largo, que si subí de peso, que si ya llevaba mucho sin graduarme, que si no ganaba tanto como su hijo grande. Era para mí un estrés el buscar su aprobación, que reconocieran de alguna manera el talento que había en mí, ya que ellos eran especialistas en hacerme sentir como un perdedor, a fin de cuenta ellos tienen una familia perfecta con autos del año y demás cosas caras.

Conforme uno crece, madura y se forma una percepción realista de sí mismo comienza a darse cuenta de su propio valor y a alcanzar algo muy importante que se llama independencia emocional, uno aprende que el mejor y único amigo que debe tener es a sí mismo, luego se aprende a apreciar de manera genuina a los demás, tengo grandes amigos gracias a Dios y los aprecio mucho, pero eso es gracias a que en primer lugar he aprendido a conocerme y a “caerme bien a mí mismo”, no lo confundamos con ser narcisismo, es autoestima unicamente.

Así pues llega el momento en el que te topas a aquellos parientes perfectos que, siguiendo la tradición, comienzan a criticar tu apariencia, para bien o para mal, pero es algo en lo que se fijan mucho, luego a partir de un comentario de broma se aprovechan para intentar decirte que estás mal (para variar) y luego querer reformarte, porque ellos son perfectos y tienen todo el derecho de decir a todos lo que deben hacer. Así se topan con una persona que ha escrito varios libros, al que le ha ido bien en su trabajo, que tiene posgrados y demás logros que suelen ser invisibles para la familia, sobre todo para ellos que valen mucho más que los demás en dólares o euros; entonces esa persona decide pararlos en seco y demostrarles abiertamente que lo que opinan es erróneo y que no tiene importancia para él y, por consiguiente, se convierte en el villano.

Como siempre, ante los parientes “ricos”, el pariente “pobre” que decide pensar por su cuenta se convierte en el villano una vez más, siempre será la oveja negra. Quizá la única diferencia es que esa ovejita negra es el sostén de un hogar y ha alcanzado la realización en múltiples aspectos de su existencia, entonces por primera vez en toda su vida los comentarios de esa gente superficial, ignorante y vacía son igual de dañinos que los ladridos de un pequeño perro chihuahua, increíblemente molestos, pero con la misma carga intelectual.

 

 

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