Cuando no tuve nada

Hace algunos años tuve que dejar muchas cosas atrás, terminé viviendo en un cuartito de tres por cuatro metros, con un poco más que algo de ropa y un sofá cama. Tenía mi empleo actual así que tenía dinero, pero no tenía comodidades de ningún tipo, de hecho a veces hacía tanto calor que tenía que dormir con brazos y piernas abiertos y para tener agua caliente tenía que cortar leña. Durante esa temporada descubrí que cuando no tienes nada que te puedan quitar andas con una sensación de libertad muy genuina, cuando salía rumbo a mi trabajo y entre mi bicicleta, lo que levaba puesto y lo que llevaba en mi mochila llevaba casi todas mis posesiones me sentía tan ligero. A veces ni siquiera cerraba la puerta de mi “casa” ya que no tenía miedo de que me quisieran robar.

Cuando me fui a vivir a un departamento muy bonito que estaba frente a la universidad de inmediato me rodeé de lujos, tenía clima, televisión, internet, refrigerador, plancha, lavadora… Entonces supe lo que era ser pobre, quedarme sin gas en invierno, no poder salir sin cerrar muy bien la puerta por miedo a que me robaran todas mis cosas y toda esa clase de preocupaciones. Para mudarme ahí me bastó con un par de viajes en bicicleta y uno en una camioneta pequeña, para salirme de ahí fueron varios viajes en camioneta y fue muy cansado.

Esa etapa de mi vida me enseñó mucho, me enseñó lo padre que se siente poder comprar algo y no querer hacerlo, el saber lo poco que necesitamos para vivir y sobre todo a distinguir qué es una necesidad y qué es un lujo. Y también comprendí como lo material nos inmoviliza.

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