El infierno

Las pesadillas comenzaron a los 17 años, se hicieron más fuertes conforme pasaba el tiempo y más avanzaba en los cursos para confirmarme en la iglesia católica. Al principio soñaba con monstruos, del tipo hombre lobo o bestias torpes; pero conforme las pesadillas aumentaban comencé a soñar con niños que se transformaban en bestias y yo les mataba reventándoles la cabeza como si fueran sandías. Los sueños, mejor dicho, las pesadillas subían de nivel hasta que ya no era capaz de ver contra lo que luchaba, pasé de pelear contra señores hasta pelear con seres vestidos de negro con alas blancas…

Un día estaba recostado, apenas iba a dormir cuando  comencé a escuchar un ruido muy fuerte, como si azotaran repetidas veces una cadena contra una malla ciclónica, luego la horrible voz preguntándome con desesperación una y otra vez si quería conocer el infierno, recuerdo que mi susto fue tal que me incorporé, estaba sentado en la cama escuchando esa voz y ese sonido metálico una y otra y otra vez preguntándome si querías conocer al diablo. Quizá dije que sí, no lo recuerdo, pero de pronto me encontré en un lugar obscuro, me encontré rodeado por miles de rostros, como en celdas de prisión, todos unos sobre rostro, lleno de miradas de sufrimiento, pude escuchar sus gemidos, estaban tan cerca de mí que hubiera podido tocarlos si hubiera estirado la mano, todo a mi alrededor, era un pozo lleno de seres que sufrían. Miré hacia arriba y el pozo parecía no tener fin, negro, obscuro, todo lo que había eras esos rostros con la mandíbula dislocada de tanto gritar.

La desesperación y el miedo me invadieron, me sentí solo, perdido. pero luego lo recordé. Traté de calmarme, pensé que Dios llega a cualquier parte, que si yo creía en El no tendría por qué temer. “No tengo miedo” sólo eso dije, lo dije en voz alta, de pronto me encontré de nuevo en mi alcoba, pude ver La Luz que entraba por la ventana. Luego escuché la misma voz horrible, pero más tranquila, “lo has hecho bien, pero prepárate para lo que viene”.

Era un joven muy feliz, yo no sabía qué era a lo que se refería, pero lo supe después. A partir de ese momento todo comenzó a cambiar tan gradualmente que no me di cuenta de cómo acabé así.

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