Qué tanto he perdido

Heme ahí, llorando sin parar, sintiendo cada error cometido como un cuchillo en mi estómago, pensando en todo lo que había perdido. Sí, conocí un dolor que nunca había sentido jamás, profundo, candente, vivo. Un dolor que era como un cáncer extendiéndose por todo mi ser. Así se siente perder de esa manera tan brutal aquello que se cree que se ama. Me pregunté por qué me pasaba eso y una gran persona me dijo “no preguntes por qué, sino para qué”.

Alguna vez lloré, lloré como un loco, sufrí, tal vez sufrí. Yo creía que había perdido. Pero el tiempo pasa, hoy estoy aquí, aquí contigo, sin necesidad de hablarnos, yo escribiendo y tú pintando, tan juntos, tan completos. Cuando era menos viejo y más estúpido pensé que sabía lo que era bueno para mí, pensé que algo había perdido. Hoy, más viejo y un poquito menos tonto, me siento aquí, fumando mi pipa, bebiendo mi cerveza, pensando en este momento, en estos años, tan pocos minutos, en tu hermosa parsimonia, en tu linda paz.

¡Cuánto me estorbaba todo, cuánto espacio me quitaba! Pensaba que había perdido, pero es que yo nunca he perdido nada, ocurrió todo lo necesario para llegar a este lugar, aquí a tu lado.

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