La vida lenta

Hoy me he comprado una silla ejecutiva, muy bonita, de piel, de esas que se mecen levemente hacia atrás cuando uno se reclina sobre el respaldo. Quiero sentarme en ella y estirar las piernas mientras me tomo un café y disfruto de un buen tabaco, porque estoy cansado y estoy contagiándome de una enfermedad espantosa, una enfermedad sin nombre que azota a nuestra cultura.

Necesito sentarme aquí, sin desear, sin mirar vídeos que recomiendan autos, smartphones y demás objetos de deseo o de estatus. Sin pensar en ir apurado hacia ninguna parte, solo estar aquí sin más, tratando de que esta enfermedad no me consuma.

Hace años sabía vivir con poco, sin ir apurado, tranquilo. Pero trato de andar despacio y la gente me avienta el auto encima o pasa con actitud arrogante, poniendo en manifiesto que son importantes y llevan prisa. Diferentes síntomas de una misma enfermedad, quererlo todo, quererlo pronto, quererlo sobre todo lo demás, insensibles a las situaciones y sentimientos de los otros.

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